viernes, 11 de abril de 2008

El okapi

El okapi (Okapia johnstoni) es el pariente vivo más próximo a la jirafa. Se le considera a veces un fósil viviente por su parecido con los primeros jiráfidos que aparecieron en el Mioceno.

El okapi es un ungulado rumiante que vive en las selvas del norte de la República Democrática del Congo entre los ríos Uelle, Ituri y en las selvas de Aruwimi. Recuerda por la forma de su cuerpo a una jirafa enana (2 metros de longitud, 1'5 de altura y menos de 250 kilos de peso) de patas y cuello muy cortos, aunque el manto del pelo es totalmente distinto, rojizo en todo el cuerpo salvo en patas y glúteos, donde es blanco con rayas negras, semejante a una cebra. Como las jirafas, tiene dos cuernos pequeños recubiertos de pelo en la cabeza sin utilidad aparente y una larga lengua prensil de color negro que usa para introducirse las hojas de arbustos y árboles bajos en la boca. La longitud de ésta es tal que puede limpiarse el interior de las orejas con su punta. El okapi está muy emparentado con las jirafas y con ellas comparte muchas adaptaciones morfológicas, aunque su cuerpo recuerde en realidad más al de un caballo.

Los okapis son animales predominantemente solitarios que a veces se unen en pequeños grupos de forma ocasional. Las hembras paren una única cría en agosto u octubre tras una gestación de casi 15 meses. Si es hembra, madurará a los dos años de edad, mientras que si es macho todavía le faltará algún tiempo para llegar a la edad adulta. Al parecer, las crías más jóvenes no son capaces de diferenciar a su madre de otras hembras y pueden ser adoptadas por otras okapis con facilidad en caso de perder a su progenitora. La esperanza de vida ronda los 30 años. Su sentido más desarrollado es el olfato, seguido del oído. Las crías tienen un amplio repertorio vocal con el que comunicarse con sus madres, pero los adultos tienden a ser mudos. Una de las pocas veces que emiten sonidos se da cuando los machos buscan pareja durante la época de apareamiento.

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